Bastó que SIAM Di Tella Ltda. anunciase que iba a fabricar la motoneta Siambretta para que la gente se anotara en la lista de espera de las concesionarias pagándola por anticipado. Es decir, la gente se estaba anotando en las concesionarias, cuando SIAM todavía no había empezado con la puesta a punto de la nueva sociedad confirmado como parte del conglomerado que fue la SIAM.
En el año 1948, a los cincuenta y seis años, Torcuato Di Tella había fallecido repentinamente, y dejado el emporio industrial de dimensiones fenomenales para la Argentina. También dejó un hueco en la conducción ya que sus dos hijos, Guido y Torcuato S., ninguno se preparó intelectualmente para tamaña empresa. Torcuato S. se recibió de sociólogo y, aunque Guido de ingeniero industrial, las riendas quedaron en manos de Haroldo Rodolfo Guido Clutterbuck, principalmente, y Torcuato Sozio, reteniendo una suerte de presidencia honoraria la viuda de Torcuato, María Robiola.
Desde que Frondizi llegó al gobierno comenzó la cuenta regresiva del declive de SIAM.
Desde ese momento la empresa comienza a tener problemas de gestión. A esto se agregó que la demanda del Estado se volvió errática. Por ejemplo, en un momento el presidente les dijo a los directivos que iría a lanzar un plan de desarrollo eléctrico y ellos decidieron montar una fábrica de grandes transformadores y equipos eléctricos. Pero el plan no se realizó y la planta quedó sobredimensionada. En ese momento comienzan a aparecer problemas de sobreinversión como la decisión de empezar a fabricar autos bajo licencia británica.
La empresa estaba sobreexpandida y la capacidad industrial ociosa era aberrante.
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