Presidente Peña:
Presidente Milei:
Presidente Orsi:
Presidente Paz:
Presidente Mulino:
Presidente Costa, querido António:
Ministro Vieira, querido Mauro:
Señorías:
Excelencias:
Señoras y señores:
Es un honor estar aquí con ustedes en la hermosa ciudad de Asunción, en el corazón de América Latina, y en la misma sala en la que se firmó el tratado fundacional de Mercosur. Es este un lugar histórico: nos recuerda el momento en el que las naciones de América Latina optaron por superar la división mediante la cooperación, rechazaron la rivalidad, reafirmaron la democracia y reunieron a los pueblos allende las fronteras y los ríos. Como europea, esa opción me resulta familiar, y respeto profundamente la ambición y el valor que requería. Así pues, mi primer mensaje es sencillo: gracias por reunirnos y acogernos en este lugar histórico. Aguyje, Paraguay.
Pero este momento pertenece a todas las naciones de Mercosur: a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Porque este momento no solo consiste en acercar a los países, sino también en conectar continentes, y cada uno de los países de Mercosur ha trabajado intensamente para lograr este resultado. Y así, hoy, en esta sala, volvemos a firmar un importante documento: una nueva asociación entre Mercosur y Europa. Han sido necesarios 25 años para alcanzar este acuerdo. Son muchas las manos que han trabajado en él incansablemente. Ha sobrevivido a cambios de gobierno y a numerosas y grandes reuniones. Y todos sabemos que fue necesario un último impulso, justo al final, para poder reunirnos hoy aquí. Estamos creando la mayor zona de libre comercio del mundo, un mercado que representa casi el 20 % del PIB mundial, que ofrece oportunidades sin precedentes a nuestros 700 millones de ciudadanos. Este acuerdo envía una potente señal al mundo y refleja una elección clara y deliberada: optamos por el comercio justo frente a los aranceles, por una asociación productiva a largo plazo y, sobre todo, que nuestra intención es ofrecer beneficios reales y tangibles a nuestros pueblos y empresas.
Permítanme destacar tres puntos. En primer lugar, los beneficios económicos de esta asociación, que son clarísimos. Ya en la actualidad, Europa es el segundo mayor socio comercial de Mercosur y Europa es el mayor inversor extranjero en la región. Este acuerdo eliminará los aranceles y otros obstáculos al comercio, abrirá la contratación pública. Proporcionará un marco claro basado en normas para fomentar el flujo de inversión y de comercio. Y todo esto beneficiará enormemente a las empresas de ambas partes, y también a las 30 000 pymes europeas que ya exportan a esta gran región. Además, el aumento de las exportaciones creará puestos de trabajo, tanto aquí como en Europa.
Mi segundo punto es el siguiente: Quisiera destacar de qué modo este acuerdo contribuirá a nuestros objetivos de protección de la naturaleza y el clima. El Tratado contiene un sólido capítulo sobre comercio y desarrollo sostenible. Nos comprometemos a ayudarnos mutuamente en la transición hacia la neutralidad climática. Europa obtendrá un mejor acceso a las materias primas necesarias para nuestra transición, y la inversión europea apoyará a los países de Mercosur en su transición. Así es como debería ser el comercio. Los socios tienen puntos fuertes complementarios y se apoyan mutuamente. Nuestros ciudadanos pueden estar seguros de que los intereses de sus hijos y nietos están muy presentes en nuestras mentes.
Y, por último, el tercer punto: No puede subestimarse la importancia geopolítica de este acuerdo. Estamos creando una plataforma para trabajar en una serie de cuestiones mundiales, desde la protección de nuestro precioso entorno natural hasta la reforma de instituciones mundiales. Aunaremos fuerzas como nunca antes, porque creemos que esta es la mejor manera de que nuestros ciudadanos y nuestros países prosperen. Y cuando nuestras dos regiones hablen con una sola voz sobre cuestiones a escala mundial, estoy segura de que el mundo escuchara
Señoras y señores:
He estado leyendo al gran poeta paraguayo Augusto Roa Bastos. Pasó años de vida en Europa, en la ciudad francesa de Toulouse. No solo creó allí una familia, sino que también enseñó literatura latinoamericana y la lengua guaraní a entusiastas estudiantes europeos. Su historia es la de tantas personas, no solo aquí, en Paraguay, sino también en Argentina, Brasil, Uruguay y en toda Europa: personas que cruzaron el océano, amaron nuestros dos continentes y los hicieron más fuertes. Los lazos entre Mercosur y Europa son profundos. Compartimos cultura, valores y una vía de integración regional similar. Sobre esta base, hoy construimos una asociación que refleja la verdadera extensión y profundidad de nuestras relaciones. Nuestra amistad se ha convertido en una mayor fortaleza, tanto para Mercosur como para Europa.
Permítanme agradecerles una vez más su hospitalidad. Y que nuestra amistad Europa-Mercosur se mantenga durante muchos años. Muchas gracias.